Me agradan las tormentas, ver caer la lluvia, los rayos en el cielo, el sonido de los truenos, y más me gustan aun si son en el mar. Se transforman en un fenómeno inigualable que me encanta observar; al igual que dormir escuchando llover, ambos son momentos placenteros. Sin embargo a la mayoría de las personas parece no gustarles las tormentas y por ende la lluvia. Se quejan cuando llueve porque “se van a mojar”, o porque “la calle esta mojada”, o inclusive hay personas que programan lavar el auto según que dice el pronóstico del tiempo; como si el agua fuese algo malo o trajese desgracias. Como si mojarse hiciese daño. Cuando somos niños y salimos de tomar un baño si hace frio nos dicen “sécate rápido que te podés enfermar!”. Después están los “dichos” cuando alguien quiere referirse a que un problema acabó dice: “la tormenta ya pasó”, “después de la tormenta llega la calma/sale el sol” y hasta hay una palabra para decir que uno esta abrumado “algo me Atormenta”.

Que culpa tienen las tormentas, la lluvia, que es agua que alimenta la tierra, el agua que la necesitamos para vivir, que culpa tiene para haber caído en eso? Analizando un poco la situación del hombre en la tierra y el agua, el momento más traumático de la vida de un ser humano es el nacimiento. Nacemos solos, vivimos el cambio más drástico de nuestra vida y pasamos de estar 9 meses en un entorno “de agua”, cómodos, siendo alimentados, haciendo nada por nuestra cuenta, inmersos relajados en agua, en un santiamén pasamos a un ambiente hostil donde en un segundo lo primero que tenemos que hacer es respirar!!!, tarea que no habíamos hecho antes y ya eso angustia, lloramos y nos retumba un sonido en la cabeza, nuestra voz, percibimos temperaturas diferentes, nos tocan. El agua nos contenía. Si, el nacimiento es el primer momento de cambio hostil que pasamos y lo hacemos solos. Es crítico, no deja alternativa, ya no cabemos en un lugar y hay que salir a abastecerse en otro. Sin la seguridad que nos vaya bien. Pero es lógico, después de 9 meses de todo bajo control, salir al mundo es “la tormenta”. Y es allí cuando el ser humano, el niño se siente “atormentado”. Esa tormenta que al principio no es placentera será lo que en la vida se repetirá miles y miles de veces cuando debemos afrontar cambios.

Creo que por eso a la gente le molestan las tormentas y más aún si pueden evitar salir de su casa, lo evitan, lo mismo que quedarse en el vientre materno, o lo mismo que no querer salir de un problema que se repite una y otra vez. Pero la tormenta sucederá, es un fenómeno inevitable. Por eso a mí me gustan y más aún cuando uno menos se las espera. Eso significa que donde sea que uno esté y quiera llegar a otro lugar tendrá que mojarse. Si, mojarse no tiene nada de malo. Hay muchos mitos sobre tener la ropa mojada, primero y por empezar, mentira que uno se enferma, eso lo dicen los miedosos los que no se animan a salir con tormenta. Lo que es verdad es que molesta, incomoda, no queda bien ante los demás pero sabrán entender que si uno esta con el pantalón mojado y afuera hay tormenta, el pantalón se mojó con la lluvia.
Igual que en la vida y la metáfora de las tormentas, salir un día de tormenta sin paraguas, mojarse, llegar a casa y cambiarse es algo natural. Las tormentas de la vida deberían serlo también, cuando nacemos experimentamos la primera y no tenemos paraguas, entonces a lo largo de la vida habrá algunas que si podamos dejar pasar y quedarnos en casa, para otras usaremos paraguas porque tal vez habíamos visto el pronóstico, pero habrá las que nos agarren desprevenidos y allí hay que mojarse. Si queremos llegar al lugar que esperamos no importara lo mojados que estemos, estaremos bien y nos recibirán, en definitiva así mojados y desalineados venimos al mundo, la salida es difícil pero en un nacimiento siempre hay gente esperando feliz y algo inicia.