«He estudiado muchos filósofos y muchos gatos. La sabiduría de los gatos es infinitamente superior”
Hippolyte Taine
El gato camina con porte altiva, sin embargo no es un ser despreciativo. Es todo lo contrario. El gato se siente orgulloso de ser gato. Sin importarle su raza u origen. Sus movimientos son sutiles, tacticos y los ejecuta con precision. El gato obtiene lo que desea. Si hay obstáculos, sabrá sortearlos porque meticulosamente observó y calculó la velocidad necesaria del movimiento que debe realizar.
El gato posee un sexto sentido y percibe la energía del ambiente. Si no se siente a gusto se retirará. Él sabe muy bien quien goza de su presencia y quien no. Un gato no mendiga caricias. Sabe el valor de los momentos de soledad y del silencio aunque a su vez tiene el poder de transformar la llegada a una casa vacía en un hogar.

El gato rehúye al bullicio y la multitud. Podria ser verdad cuando dicen que el gato es selectivo, lo es con el alimento, con sus juegos, y más. El gato siempre esta atento, sabe cuándo lo llaman pero responderá sólo cuando se le hable con seriedad. Evitará las tonterías y que traten de subestimar su inteligencia; porque el gato puede ver lo evidente de lo que algunos ignoran.
Los gatos que llegan a nuestra vida no lo hacen por casualidad. Hay gatos para cada persona y momentos para encontrarnos con ciertos gatos. El gato sabe en quien confiar y la comunicación se establece de manera especial. Una mirada, un maullido, un movimiento de orejas dicen todo. El gato comunica de manera directa y concisa, sin dar vueltas ni necesidad de hacerse notar.
El gato acompaña y cuida, es fiel e incondicional. Quien dice que el gato es traicionero se equivoca. El gato conoce y marca su límite. Aunque aveces le agrada jugar y dejarse llevar. Al fin y al cabo, asi es la vida del gato: vivir y dejar vivir…
