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DIARIO DE VIAJES

SUDAN: Reino de los faraones negros

Sudan está situado al noreste de África y comparte frontera con Egipto al norte, costas con el mar Rojo, Eritrea y Etiopía al este, con Sudán del Sur y con la República Centroafricana al sur y con Chad y Libia al oeste. En el 2011, tras años de un conflicto bélico interno se firma un referéndum y Sudan se separa de su propia región sur conformándose así dos paises, la Republica de Sudan del Sur y la Republica de Sudan. Lamentablemente en diciembre de 2018 estalla una revolucion social y el ejercito derroca al entonces presidente. Hasta hoy en dia el conflicto continua.

Tras describir estos hechos sumado a la mala prensa, el comun denominador asociara a este pais con: peligro, conflicto, revolucion y guerra. Viaje a Sudan en 2018, el objetivo era conocer los vestigios de las antiguas civilizaciones que se levantaron alli hace 4000 años, la tierra de los «Faraones Negros», Ee Reino de Kush.

Llegamos a Khartoum, la capital. Una ciudad caótica, sin mucho para ver excepto la confluencia de los dos brazos del Nilo: el Nilo Blanco y Nilo Azul. Asistimos al barrio de Omdurmán al mausoleo del Mahdi y presenciamos una ceremonia de derviches (los místicos del islam). Verlos realizar sus danzas y entrar en un estado de “trance” es para el ojo del extranjero, un espectaculo que merece una profunda contemplacion.

Partimos hacia el norte, la carretera era amena y si bien la temperatura era de unos 40 °c promedio, el calor se toleraba. La intención de llegar primero a las ruinas del Reino de Meroe, donde hay 3 Necrópolis (complejos de pirámides), los restos del complejo de Templos de Amón y las ruinas de la antigua ciudad. En Meroe hay más de 1000 tumbas. Llegamos para ver el atardecer a uno de los conjuntos de pirámides, a la zona sur (la más antigua), entre ellas la del Rey Arkamani (260 a.C.). Allí hay 204 pirámides, son pequeñas (la más grande no llega a 20 mts. de base), pero es fantástico el caminar en medio del vasto desierto e ir encontrando una tras otra las pequeñas pirámides que lo invitan a uno a entrar, trepar y explorar como si se fuese el primer arqueólogo en llegar. Algunas de ellas han sido reconstruidas se imponen para ser fotografiadas a medida que cae el sol. Detrás de una gran duna, la mágica arena del desierto se encarga de que el magnetismo del lugar siga vibrando y a pesar de los años y el desgaste de la roca.

NURI Y JEBEL BARKAL: SANTUARIOS DEL SILENCIO

Al dia siguiente partimos rumbo a Karima se debe cruzar el Nilo y lo hicimos en la ciudad de Atbarah. Karima es una pequeña ciudad en pleno desierto de Bayuda que hace años fue el principal centro del Reino de Napata.

En medio del desierto resalta el “Jebel Barkal” (Jebel significa “montaña” en árabe) una montaña de piedra de arenisca roja con acantilados que era considerada sagrada por los faraones Nubios de la antigüedad. Fue el Olimpo de los Nubios, el corazón religioso durante más de 1700 años. A los pies del Jebel se observan el gran templo dedicado al Dios Amón y algunas necrópolis o piramides.

El atractivo de la visita consistio en ver el atardecer desde la cima del Jebel Barkal. Lleva unos 20 minutos llegar a la cima trepando por un sendero rocoso, desde alli arriba se pueden ver las pirámides como si fueran pequeños conos colocados en la arena. Un crisol de colores va comenzando a abrirse en el cielo. Para un lado el desierto, para el otro el Nilo y su vegetación. No me cabe duda porqué los Nubios escogieron al Jebel como su lugar sagrado.

Cerca de Karima se encuentra ademas la Necrópolis de Nuri. Allí hay 74 pirámides, más similares a las de Giza en estructura. A pesar del desgaste, la piramide del gran Rey Taharqa, de la dinastía XXV del Reino de Napata, se impone majestuosa entre las demás con sus 60 metros de altura.

Una caminata por Nuri transporta todos los sentidos a través del tiempo. Entre pirámides, arena, rocas y tumbas de casi 50 reinas se produce una experiencia única, una comunión del espíritu con los ancestros egipcios que alguna vez dominaron ese territorio.

Sentarse en la arena al atardecer observando hacia un lado la puesta del sol y hacia el otro, la salida de la luna. Lejos de los malones de turistas, pasarelas y vendedores de souvenirs, en Nuri, el encuentro se da entre el Desierto, las Pirámides y Uno Mismo. Un Elixir de la arqueología para el alma de los que amamos la historia.