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IRAQ: El taxi que costaba IQD$ 123.456

Diario de Viaje 2023- IRAQ Parte 1

Cuando era niña, leía libros de historia y soñaba con visitar las pirámides de Egipto y las ruinas de la antigua Babilonia. Finalmente, a los 26 años conocí Egipto. Sin embargo, visitar las ruinas de Babilonia en Irak era sumamente dificil. Durante décadas, Irak ha estado envuelto en conflictos, como la invasión de Estados Unidos en 2003, que sumió al país en una profunda inestabilidad. Eventos de esta índole pospusieron mi anhelo de conocer la antigua Mesopotamia hasta que en 2023 pude hacer mi sueño realidad.

Baghdad, capital del actual Irak, es una ciudad fascinante. En la antigüedad, fue considerada la capital del mundo. Mientras Europa se encontraba sumida en la Edad Media, en Medio Oriente florecía la cultura. Durante el califato abasí (siglo IX), Baghdad vivió su apogeo cultural y económico. No solo era el centro del mundo islámico, sino también un epicentro del saber, donde científicos, filósofos y poetas de diversas culturas se reunían para intercambiar conocimientos en la famosa Casa de la Sabiduría. Conocimientos que más tarde llegarían a Europa gracias al través del Califato de Al-Ándalus.

Pero basta de historia! Que se encuentra en Wikipedia… Vamos con la anécdota del taxista de Baghdad… Tras haber recorrido la ciudad durante mi primer dia, ya empezaba a orientarme: conocía algunas zonas, las avenidas principales, y tenía una idea de cómo funcionaba el transporte. Sin embargo, en una ciudad donde el tráfico es un caos imparable, con vehículos que parecen competir por cada centímetro de asfalto, moverse puede volverse una odisea (piensa en una jungla de metal y bocinas). En ciudades así, tomar transporte público puede demorarte muchísimo a comparación de un taxi, y afortunadamente, estos últimos no son costosos.

Ese día me levanté, desayuné y me dirigí a visitar la Zona Verde, un área fuertemente custodiada en el corazón de Baghdad, que alberga embajadas, edificios gubernamentales y residencias de altos funcionarios. Después, tenía planeado visitar el Museo Nacional de Iraq, hogar de algunas de las reliquias más importantes de la antigua Mesopotamia, donde se exhiben piezas que cuentan la historia de las primeras civilizaciones, como por ejemplo los famosos lamassu de Nínive, las conocidas figuras mitológicas asirias, representadas como seres híbridos con cuerpo de toro o león, alas de águila y cabeza humana.

Salí del museo a las 14 hs. decidí dirigirme a la zona del café Shabandar, un lugar emblemático donde hombres de cualquier edad se encuentran entre narguiles y shai (te). Pero ahí es cuando empezó la aventura… Sabía a dónde quería ir, solo faltaba encontrar un el taxista y entenderme con él.

Por suerte, el primer taxi que vi, paro. Lo saludé con un “¡Salam alaikum!”, y el hombre me respondió con un “Alaikum salam”. Le indique de forma simple dónde quería ir: “Al Mutanabbi”. Él respondió con un «Naam, yallah» (“Si, vamos”), invitándome a subir al coche con un gesto de la mano.

Pero en países como Iraq, siempre conviene acordar la tarifa antes de comenzar el viaje (para evitar sorpresas). Y ahí vino la primera duda: ¿Cómo le pregunto? Con una sensación de desconcierto traté de hacerle un gesto con los dedos, indicando «dinero», y le dije en inglés: “How much?”. El hombre me respondió en árabe, y ahí quedé completamente perdida.

Yo sabía el precio estimado del viaje, pero ¿cómo entendernos? Él notó mi confusión y con palabras y gestos me animaba a subirme al taxi diciendo: “Yallah, yallah…”. Es asombroso lo mucho que tenemos en común los latinos con la gente de Medio Oriente. Gesticulamos tanto que parece que las manos hablan por sí mismas facilitando así la comunicación cuando las palabras no son suficientes.

Volviendo a la negociación, tuve una idea: saqué mi calculadora y le pedí que marcara el precio. Pero apareció un segundo problema: ¡mi calculadora usaba números arábigos occidentales, mientras que él estaba acostumbrado a los orientales! Ninguno de los dos entendía los números del otro.

Intenté contar con los dedos para que me entendiera, pero el me agarró la calculadora y marcó “123.456”. Miré la pantalla y no entendí nada. Entonces caí en la cuenta: sabía que el trayecto debía costar entre 4000 y 6000 dinares. Lo que había hecho el hombre fue marcar seis dígitos para señalarme el número 6000, ¡se las rebusco usando las teclas como unidades!

Finalmente, me subí al coche, un típico taxi iraquí: ventanillas que solo se bajan manualmente, espejos laterales rotos o ausentes, puertas llenas de abolladuras y rayones, pero con un encanto propio. Un testigo rodante del caos y la belleza de la ciudad.

Intentamos conversar, pero fue complicado. Sin embargo, hay dos cosas que, a pesar de la barrera idiomática, siempre se pueden intercambiar con un taxista: una pregunta y una oferta. «¿Country?» y «¿Smoke?». Cuando me preguntó de dónde era, respondí «Aryantin», y de inmediato el hombre, con una inmensa sonrisa, repitió: «Aryantin, Messi». Respecto a su oferta de fumar, la rechacé amablemente: «La, shukran» (No, gracias). Luego, con gestos, me preguntó si me molestaba que el fumara. Le respondí con un «Yallah» y un gesto de manos indicando que estaba bien. Sacó un cigarrillo y seguimos intercambiando sonrisas, como si hubiéramos encontrado una forma silenciosa de entendimiento que iba más allá de las palabras.

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LIBANO: Descubriendo la Beirut que no se ve

Sentada frente al escritorio, con mis diarios de viaje a un lado y los dedos listos sobre el teclado, me dispongo a escribir anécdotas de viajes. Sin embargo, me cuesta decidir por cuál empezar. Tal vez debería comenzar por la historia de cómo conocí a George en Beirut…

Hace tan solo un año y medio me encontraba en Beirut, una ciudad donde se cruzan historias y culturas de siglos. Era una mañana soleada, desayuno junto a mi amigo Dave y tras comprar una tarjeta SIM, ambos estuvimos de acuerdo en separarnos para disfrutar la ciudad a nuestra manera. Yo había marcado varios puntos de interés en el mapa y tenía en mente un ajetreado recorrido, por lo tanto Dave decidió tomarse el día con más calma. Nos encontraríamos a la noche en el hotel.

Comienzo a caminar, a mí alrededor, la arquitectura me habla de diferentes épocas. A medida que me adentro en el casco antiguo, me maravillo al ver ruinas romanas conviviendo con tiendas modernas de lujo que se mezclan con antiguos barrios otomanos y vestigios del mandato francés. En cada esquina hay pequeños cafés donde la gente disfruta de un te o un narguile.

Luego de visitar la Iglesia cristiana de San Jorge y la Mezquita Mohammad Al-Amin, y siendo ya el mediodía, me dirijo a Sayhoun Falafel, donde, según mi amigo Bogdan se come el mejor falafel de Beirut. Cuando termino mi almuerzo camino hacia una avenida donde debo subirme a la minivan 4 para ir a visitar una zona alejada del foco turístico: los barrios de Chiyah y Ghobeiry.

Antes de contar cómo conocí a George, debo aclarar algo sobre el transporte en Beirut: las furgonetas o minivans no tienen paradas específicas, sino que uno las detiene en cualquier punto a lo largo de la avenida. Me encontraba en una esquina esperando ver pasar una «minivan 4», cuando un hombre que se subía a un auto estacionado me preguntó en inglés: «Are you lost?» (Estas perdida?). Le respondí simplemente: «No. I’m ok».

Pensé que arrancaría y se marcharía, pero como era de esperar, la curiosidad lo venció y con la ventanilla baja me pregunta de dónde venía. Como siempre, cuando uno dice «de Argentina», surge el nombre de “Messi”. Entonces, George (aunque aún no sabía su nombre) me preguntó a dónde quería ir y se ofreció a llevarme. “No, no hace falta”, le respondí. “Sé cómo ir en transporte público”. Pero él insistió: “No es seguro. Déjame llevarte, justamente yo voy en esa dirección”. En ese momento, sentí una mezcla de gratitud y algo de desconfianza. En una ciudad que para algunos puede ser intimidante, allí estaba alguien que, a pesar de ser un extraño, se preocupaba por mi bienestar. Mientras dudaba, comprendí que, a veces, abrirse a lo desconocido puede llevar a momentos muy significativos.

George conducía y me hacía preguntas, intentaba entender la razón por la que yo estaba yendo a Chiyah y Ghobeiry. Sucede que George es cristiano maronita y, en resumidas cuentas, en Líbano, los cristianos odian a los musulmanes, los musulmanes odian a los cristianos y tanto los cristianos como los musulmanes odian a los refugiados palestinos…

Dejábamos atrás el foco turístico y la parte más atractiva de la ciudad, adentrándonos en una zona más caótica y deteriorada. Era un lugar donde las marcas de la guerra aún se hacen visibles: recordatorios silenciosos de un pasado doloroso. Tras unos 15 minutos de conversación, intercambiamos números de teléfono y me despido de George. Cuando me bajo del coche en el Parque Qasqas, el aire vibra con la energía de la vida cotidiana.

Es importante destacar que el área sur de Beirut en general ha sufrido mucho durante conflictos como la guerra civil y las invasiones israelíes. Esta área fue testigo de combates y divisiones sectarias y aunque hoy en día sigue siendo un barrio predominantemente chiita, mantiene una coexistencia religiosa y cultural.

Chiyah y Ghobeiry son barrios que llevan en su piel las heridas de una Beirut que nunca pudo sanar por completo. Las paredes, cubiertas de balazos, parecen testigos mudos de los años de guerras, de las luchas entre vecinos que una vez se miraban con recelo. Pero lo más doloroso no son las fachadas destruidas por explosiones o las ventanas rotas, sino ver cómo estas cicatrices se han grabado en las almas de quienes viven aquí. Las generaciones que han crecido entre escombros y polvo son las mismas que, de alguna manera, han logrado construir algo nuevo y sin embargo el germen de la rivalidad no  se desvanece.

Siempre queda la sensación de que todo podría derrumbarse de nuevo, de que la paz en estos barrios es muy frágil. Chiyah es un barrio que respira dolor, pero también una extraña belleza en su resistencia. Aquí, donde muchos podrían haber abandonado todo, la gente sigue viviendo. Sigue luchando.

Ghobeiry a cambio, ha sido, por décadas, hogar de miles de refugiados palestinos que llegaron en busca de refugio y que se encontraron atrapados en un ciclo interminable de sufrimiento. Las caras de los que caminan por las calles reflejan generaciones de pérdidas que han vivido en la sombra de una guerra tras otra. Se siente una pobreza que va más allá de lo material; es una pobreza del anhelo de un futuro que siempre parece estar fuera de su alcance. Aquí, los palestinos siguen siendo invisibles para muchos, atrapados en un país que nunca les ha dado un hogar permanente. Su lucha ya no es la esperanza de regresar a una tierra que ya no recuerdan, sino simplemente la supervivencia en una ciudad que también ha sufrido demasiado.

Mientras contemplo los edificios bombardeados y las vidas que siguen adelante entre las ruinas, me doy cuenta de que Beirut, y especialmente estos barrios del sur, nunca han tenido el lujo de olvidar. Y quizá esa es la tragedia más grande del pueblo libanes: seguir viviendo entre las sombras de un pasado que no los deja avanzar.

Beirut, con todas sus cicatrices, tiene una energía única que atrapa por su una mezcla fascinante entre tradición y modernidad.

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SUDAN: Reino de los faraones negros

Sudan está situado al noreste de África y comparte frontera con Egipto al norte, costas con el mar Rojo, Eritrea y Etiopía al este, con Sudán del Sur y con la República Centroafricana al sur y con Chad y Libia al oeste. En el 2011, tras años de un conflicto bélico interno se firma un referéndum y Sudan se separa de su propia región sur conformándose así dos paises, la Republica de Sudan del Sur y la Republica de Sudan. Lamentablemente en diciembre de 2018 estalla una revolucion social y el ejercito derroca al entonces presidente. Hasta hoy en dia el conflicto continua.

Tras describir estos hechos sumado a la mala prensa, el comun denominador asociara a este pais con: peligro, conflicto, revolucion y guerra. Viaje a Sudan en 2018, el objetivo era conocer los vestigios de las antiguas civilizaciones que se levantaron alli hace 4000 años, la tierra de los «Faraones Negros», Ee Reino de Kush.

Llegamos a Khartoum, la capital. Una ciudad caótica, sin mucho para ver excepto la confluencia de los dos brazos del Nilo: el Nilo Blanco y Nilo Azul. Asistimos al barrio de Omdurmán al mausoleo del Mahdi y presenciamos una ceremonia de derviches (los místicos del islam). Verlos realizar sus danzas y entrar en un estado de “trance” es para el ojo del extranjero, un espectaculo que merece una profunda contemplacion.

Partimos hacia el norte, la carretera era amena y si bien la temperatura era de unos 40 °c promedio, el calor se toleraba. La intención de llegar primero a las ruinas del Reino de Meroe, donde hay 3 Necrópolis (complejos de pirámides), los restos del complejo de Templos de Amón y las ruinas de la antigua ciudad. En Meroe hay más de 1000 tumbas. Llegamos para ver el atardecer a uno de los conjuntos de pirámides, a la zona sur (la más antigua), entre ellas la del Rey Arkamani (260 a.C.). Allí hay 204 pirámides, son pequeñas (la más grande no llega a 20 mts. de base), pero es fantástico el caminar en medio del vasto desierto e ir encontrando una tras otra las pequeñas pirámides que lo invitan a uno a entrar, trepar y explorar como si se fuese el primer arqueólogo en llegar. Algunas de ellas han sido reconstruidas se imponen para ser fotografiadas a medida que cae el sol. Detrás de una gran duna, la mágica arena del desierto se encarga de que el magnetismo del lugar siga vibrando y a pesar de los años y el desgaste de la roca.

NURI Y JEBEL BARKAL: SANTUARIOS DEL SILENCIO

Al dia siguiente partimos rumbo a Karima se debe cruzar el Nilo y lo hicimos en la ciudad de Atbarah. Karima es una pequeña ciudad en pleno desierto de Bayuda que hace años fue el principal centro del Reino de Napata.

En medio del desierto resalta el “Jebel Barkal” (Jebel significa “montaña” en árabe) una montaña de piedra de arenisca roja con acantilados que era considerada sagrada por los faraones Nubios de la antigüedad. Fue el Olimpo de los Nubios, el corazón religioso durante más de 1700 años. A los pies del Jebel se observan el gran templo dedicado al Dios Amón y algunas necrópolis o piramides.

El atractivo de la visita consistio en ver el atardecer desde la cima del Jebel Barkal. Lleva unos 20 minutos llegar a la cima trepando por un sendero rocoso, desde alli arriba se pueden ver las pirámides como si fueran pequeños conos colocados en la arena. Un crisol de colores va comenzando a abrirse en el cielo. Para un lado el desierto, para el otro el Nilo y su vegetación. No me cabe duda porqué los Nubios escogieron al Jebel como su lugar sagrado.

Cerca de Karima se encuentra ademas la Necrópolis de Nuri. Allí hay 74 pirámides, más similares a las de Giza en estructura. A pesar del desgaste, la piramide del gran Rey Taharqa, de la dinastía XXV del Reino de Napata, se impone majestuosa entre las demás con sus 60 metros de altura.

Una caminata por Nuri transporta todos los sentidos a través del tiempo. Entre pirámides, arena, rocas y tumbas de casi 50 reinas se produce una experiencia única, una comunión del espíritu con los ancestros egipcios que alguna vez dominaron ese territorio.

Sentarse en la arena al atardecer observando hacia un lado la puesta del sol y hacia el otro, la salida de la luna. Lejos de los malones de turistas, pasarelas y vendedores de souvenirs, en Nuri, el encuentro se da entre el Desierto, las Pirámides y Uno Mismo. Un Elixir de la arqueología para el alma de los que amamos la historia.

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IRAN: «Mesr», el Egipto de Oriente Medio

Diario de Viaje 2022 IRAN- Parte 2

En la meseta central de Irán, con 800 km de largo y 320 km de ancho, se encuentra el “Dasht-e-Kavir” o “Gran Desierto Salado” siendo este uno de los mas grandes del país. En medio del mismo esta la aldea de MESR. Mesr es como estar dentro de un cuento. Si bien hay múltiples excursiones que uno puede realizar, sandboarding, camping en el desierto, off-road con 4×4, etc. Mi foco estuvo simplemente en disfrutar el lugar. En principio tenía estimado dedicarle 2 días de mi viaje pero elegí quedarme 3.

Mi suerte fue lo que lamentablemente es una desgracia para los iranies. Debido a las noticias que se escucharon sobre protestas y represión en el país, la industria del turismo atraviesa una debacle a todo nivel. Quiero aclarar que, en mis 25 días en Irán, viajando sola, NO corrí peligro alguno y tampoco noté sucesos como lo que mostraba la TV. Es verdad que el país atraviesa momentos difíciles, pero como mencione en mi articulo anterior, la cordialidad para con el visitante es asombrosa. Entonces, ¿Cuál fue mi suerte? Al llegar a Mesr, me encontre que solo había 2 visitantes iranies que venían de Mashad, y yo (digo «suerte» porque no me gustan los aglomeramientos de turistas).

La aldea tiene 180 habitantes y posee una calle principal que no tiene mas de 300 metros, por lo tanto la sensacion es como estar dentro de una maqueta de adobe rodeada de arena o como un set de filmacion… Caminar las calles laterales, subir a terrazas y ver las dunas, girar en una esquina y encontrar 15 camellos… Simplemente, mágico.

En Mesr se observa la misma estructura arquitectónica que los pueblos de hace 3000 años atrás. Si bien las construcciones de Mesr no tienen mas de 100 años están construidas conservando un patrón. El adobe es una técnica que se usa hace aproximadamente unos 8000 años; a diferencia del ladrillo cocido que conocemos hoy, el cual data de hace 3500 años atrás. La palabra “adobe” proviene del árabe “al-tub”. Es un “ladrillo sin cocer”, una pieza hecha de masa de barro (arena y arcilla) a veces mezclando también con paja. Las piezas se moldeaban con una forma de ladrillo y se dejaba secar al sol.

A pesar de haber leído mucho antes de ir, no tenia idea absoluta lo que significa el nombre “Mesr”. Y resulta que significa “Egipto”. La historia de los nombres del pueblo es interesante. Alrededor de un siglo atrás, Mesr Desert era conocido como Chah Deraz (Pozo Profundo) o Mazraeye Yousef (Granja de Yousef).

Cuenta la leyenda que cuando el pueblo enfrentó escasez de agua, un lugareño llamado Yousef comenzó a buscar agua y pasó días y días cavando un pozo para conseguirla. Sus esfuerzos fueron finalmente recompensados. Pero al poco tiempo el agua dejo de brotar. Esto hizo que Yousef comenzara a cavar nuevamente. Por eso el pueblo fue conocido como “Pozo Profundo”. Entonces, ¿Por qué cambio de nombre? Cuenta la leyenda que a Yousef no le gustaba el nombre de entonces. Entonces les pidió a los aldeanos que lo llamaran Mesr (Egipto) ¿Y por qué Egipto? Porque está asociado a la historia del profeta José (del Antiguo Testamento). Dado que Yousef es el equivalente de José, y este ultimo lucha por salir de un pozo seco al cual sus hermanos lo habian tirado, es entonces que Mesr se convierte en el “Egipto” del desierto persa.

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TURQUIA: Crónica de una Amistad en Tierra de Sultanes

Finalmente viajé a Rusia y Turquía en 2013, después de dos años de planificación… pero con toda una vida soñando con pisar esas tierras que hasta entonces solo existían en el globo terráqueo de mi escritorio y en mi imaginación.

En aquel entonces, nos guiábamos con mapas y guías de papel, y comprábamos tarjetas telefónicas para llamar a casa desde algún teléfono público. Eran otros tiempos para quienes queríamos salir a recorrer el mundo… y, sin duda, un verdadero desafío.

Esta historia es sobre algo que sucedió al final de ese viaje. Era mi último día en Turquía. Había estado en Capadocia y debía volar desde Nevşehir a Estambul a las 19 h. Tenía una reserva en un hotel cercano al aeropuerto porque mi vuelo de regreso a Argentina salía temprano a la mañana siguiente. Me esperaban apenas unas horas para ducharme, descansar un poco y volver al aeropuerto Atatürk.

Con ese sabor agridulce que siempre me deja el final de un viaje, subí al avión y elegí el último asiento. Me abroché el cinturón y escuché las instrucciones de seguridad. Estaba bastante relajada cuando el hombre a mi lado, en un tono quejoso, rompió el hielo:

—¿No estás nerviosa? No me gusta volar atrás, el avión se mueve demasiado.

Le expliqué que, justamente, suelo elegir ese lugar porque disfruto las turbulencias —si las hay— y le dije que se quedara tranquilo. Así empezamos a charlar, y no paramos durante todo el vuelo. Me hizo las típicas preguntas que un local le hace a una turista: “¿Te gustó Turquía? ¿Qué visitaste? ¿Qué otros lugares conocés?”

Al aterrizar, y ya en plena despedida, me vio sacar mi pasaporte y una hoja impresa con una reserva de Booking.com. Él creía que yo formaba parte del grupo de turistas que viajaba en el mismo avión. Le conté que estaba viajando sola y quiso saber cómo pensaba llegar a mi hotel. Le respondí que tomaría un taxi y que ya sabía que tendría que negociar el precio.

—No hay forma de que tomes un taxi sola —me dijo—. El taxista podría llevarte a cualquier parte.

Me contó que tenía su auto en el aeropuerto y se ofreció a llevarme. Sin pensarlo dos veces, le pregunté si no le molestaba demorarse en llegar a su casa. Me dijo que no, y acepté su ofrecimiento. Algo de mi brújula interna, me dijo que podía confiar en él.

En definitiva, entre aceptar que me llevara alguien que durante dos horas creyó que yo viajaba en grupo, o subirme sola a un taxi a las nueve de la noche sin saber exactamente a dónde tenía que ir, lo primero sonaba mejor. Además, Onur —ese es su nombre— me había caído súper bien.

Esperamos mi valija y nos dirigimos al coche. Onur tenía un GPS de esos antiguos, de los que se usaban antes de Google Maps. Buscó la dirección del hotel y comenzó a manejar. Íbamos por una autopista, pero aparentemente el GPS no estaba actualizado y nos hacía tomar bajadas equivocadas. Entonces, Onur llamó al hotel para pedir indicaciones, y así fue como finalmente llegamos.

Onur me acompañó hasta que me asignaron la habitación y, como se hacía antiguamente, me entregó su tarjeta personal y me dijo que, si necesitaba algo, no dudara en llamarlo. Me pidió, además, que por favor le enviara un mensaje de texto cuando llegara a Argentina. Me despidió con esa amabilidad que había encontrado recorriendo Turquía, dejando así un fabuloso recuerdo sobre las gentes de ese país.

La pregunta es: “¿Qué pasó después? En aquella época, donde las comunicaciones no eran como hoy”. Bueno, cuando llegué a Argentina le envié el SMS. Intercambiamos mails y, por unos meses, nos escribíamos por MSN. Pero a fines de 2013 ya existía WhatsApp. A día de hoy, Onur y yo seguimos en contacto, y la amistad sigue viva.

Tuvimos la suerte de reencontrarnos seis años después. En 2019 hice una escapada improvisada de fin de semana a Estambul. Onur y yo nos encontramos en Sultanahmet, caminamos, sacamos algunas fotos y luego almorzamos en Kadıköy. Me llevó a pasear por su barrio, en el lado asiático de Estambul. En aquella ocasión no conocí a su esposa ni a su hijo —Onur había sido padre un año y medio antes, pero sé que en un futuro, porque lo habrá, volveré a verlo. Y esta vez, con más tiempo, podré conocer a su familia.

Hoy seguimos en contacto, y ambos sabemos que, a pesar de la distancia, la amistad es para siempre. Momentos como este marcan profundamente los viajes. La posibilidad de encontrar algo tan valioso como una amistad, sin haberlo buscado.

Una simple cuestión de “serendipia”. Cosas que ocurren cuando una se abre a lo inesperado, se conecta con la intuición… y todo empieza a fluir con naturalidad.

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IRAN: caleidoscopio oculto de Medio Oriente

Diario de Viaje 2022 – IRAN -Parte 1

Siempre me ha fascinado la historia antigua: Egipto, Roma, Grecia… Pero en el colegio, la enseñanza suele detenerse ahí. Poco y nada se menciona sobre Oriente.

Los persas forjaron el primer y más grande imperio de la antigüedad entre los años 550 y 330 a.C. Conquistaron numerosos reinos y, si trasladamos su territorio al mapa actual, abarcaría Irán, Irak, parte de Egipto y Grecia, Afganistán, Pakistán, Armenia, Jordania, Turkmenistán, Turquía, Siria, Líbano, parte de la península arábiga y la India.

Más allá de su poder militar, los persas se distinguieron por su tolerancia religiosa y su capacidad para incorporar las costumbres de los pueblos conquistados. Fueron excelentes estrategas, logrando mantener un vasto y diverso imperio unido durante 200 años.

Hace años que me surgió el interés por conocer ese lugar, actual Irán. Finalmente, tras haber viajado alli 2 veces (un primer viaje de 3 semanas y el segundo de 4 semanas) puedo decir que: los Iranies, que NO son árabes sino en su mayoria persas (ademas de baluchis, kurdos, azerbayanos, turkomanos, etc.), aun hoy conservan las grandes virtudes que fundaron su imperio. Irán es un fascinante crisol étnico y cultural. Este factor hace que, al recorrer el país de norte a sur y de este a oeste, uno se sienta inmerso en un universo de contrastes, donde cada región ofrece una identidad propia, con paisajes, costumbres y tradiciones tan diversas que viajar por Irán es como atravesar múltiples mundos en un solo territorio.

“¿Por qué Irán? ¿No es peligroso?”

Los meses previos a mi viaje me cansé de escuchar esta pregunta. Al principio respondía con argumentos históricos, pero después de haber estado allí, mi respuesta cambió: lo mejor de Irán es su gente.

Más allá de sus imponentes construcciones y paisajes, e incluso de lugares que aún permanecen casi intactos al turismo masivo, la verdadera razón para visitar Irán es sumergirse en su cultura. La amabilidad de las personas, su hospitalidad, su sentido de la estética, su poesía, su música, su gastronomía… Irán no es solo un destino, es una experiencia.

¿Y la seguridad? Irán NO es peligroso. Lo único que puede resultar una amenaza son las motos que invaden las veredas o la experiencia de cruzar la calle, donde no hay semáforos que valgan. Pero, como todo, uno se acostumbra al segundo día

Un país de contrastes

Como ya mencione, la cultura y la geografía iraní son muy diversas. Se pueden visitar grandes ciudades como Teherán, Isfahán o Mashhad, recorrer el desierto y descubrir Yazd o Kermán, o maravillarse en Shiraz con las ruinas de Persépolis, antigua capital del imperio persa.

Si se baja hacia el Golfo Pérsico, se encuentran playas de aguas cristalinas comparables con las de Dubái (al fin y al cabo, está justo enfrente), además de la posibilidad de avistar delfines y explorar las impresionantes formaciones rocosas de la Isla de Hormoz, donde los colores parecen sacados de otro planeta.

Derribando mitos

Irán no es lo que muchos occidentales imaginan. Para empezar, no todas las mujeres usan chador o hijab. Como en cualquier otro país islámico, es común ver mujeres vistiendo estas prendas, pero desde la muerte de Mahsa Amini en 2022, cada vez más iraníes desafían esta imposición, especialmente en las grandes ciudades, donde es frecuente ver mujeres sin hijab como forma de protesta contra las restricciones impuestas por el régimen.

Tampoco es cierto que la policía arresta personas en cada esquina. Si bien en las grandes ciudades se percibe una mayor presencia policial, Irán es un país moderno, con universidades de prestigio y una juventud conectada con el mundo, que encuentra maneras de expresarse a pesar de las restricciones. Las calles están llenas de contrastes, y en ellas conviven la tradición y la resistencia, lo prohibido y lo permitido, en una sociedad mucho más compleja de lo que suele mostrarse desde afuera.

Un lazo inesperado con Argentina

Como mujer occidental viajando sola por Irán, en muchos momentos me sentí como en casa. Me sorprendió descubrir la afinidad que los iraníes sienten por la Argentina. .

No suelo repetir destinos de viaje, habiendo tantos otros lugares que aún quiero conocer. Sin embargo, Irán es un país que inevitablemente invita a regresar. Mis dos viajes allí marcaron mi vida de una manera profunda, y no precisamente porque en 2022 vi ganar a Argentina la final del Mundial de fútbol. Lo cual se convirtio en un factor sorpresa del viaje.

Hay lugares que se visitan y otros en los que, de algún modo, una parte de uno se queda para siempre. Para mi, Iran es uno de ellos. Aún hoy conservo verdaderos amigos, y los lazos que formé son difíciles de explicar, como esas conexiones mágicas que suceden sin razón aparente, pero que se sienten predestinadas. Tal vez por eso, nunca siento que realmente me haya despedido de Irán. Quién sabe, quizás el destino me lleve de regreso… una vez más.

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LOS PAISES DEL ZODIACO

PARTE I: Aries, Tauro, Geminis

Aries, primer signo del zodiaco, se caracteriza por se intenso y directo. Es el guerrero, el valiente pionero que marca el rumbo y los demás siguen. ¿Cuál de entre todos los países podría representar a Aries? Ni más ni menos que los Estados Unidos de América.

Un país que marca tendencias destacándose siempre, sin importar si es el héroe o villano, dispuesto a la confrotacion, a todo tipo de desafíos que lo pongan a prueba. Sea en busca de la guerra o la paz. Idealizado por algunos, Estados Unidos, como Aries, no teme ser odiado. Siempre dispuesto a mostrar su lado guerrero se lo verá interviniendo en conflictos ajenos porque lo suyo es competir. Desde Neil Armstrong, de la Tierra a la Luna, EE.UU. necesita llevar la razón, odia perder o dejar ganar.

Como buen ariano, tiene la capacidad de actuar rápidamente en situaciones de emergencia, ya sean huracanes en la Florida, terremotos en California o atentados terroristas, siempre en acción. Estratega e impulsivo, desde Franklin D. Roosevelt a Donald Trump. Tan revolucionario como vanguardista, desde Martin Luther King hasta David Bowie.

Como buen Aries, Estados Unidos es una tierra para valientes e innovadores: Walt Disney, Carolina Herrera y Steve Jobs.  

Diferenciándose del fuego de EE.UU., Japón es de Tauro. Rivales hace 80 años, Japón siempre parece calmo, es reservado y sensato. Como al toro, le cuesta moverse. Japón no se interesa por la expansión y conquista. El foco de su desarrollo sucede dentro de si mismo, poco a poco se contruye. Como buen taurino, cuando Japón se compromete, va a por ella a rajatablas.

Hiroshima y Nagasaki, Tauro es resiliencia. Japón puede ir lento pero seguro y reflexivo. Se reinventa y avanza. A su vez puede ser codicioso y autocomplaciente, eso lo aleja de las frívolas alianzas y sociedades superficiales. Conocidos como una cultura un tanto hermética, su tenacidad taurina puede llevarlo al propio prejuicio. Japón es sensual y le gustan los placeres, Geishas y Sushi. Siempre busca la autosuperación, creadores del Tren Bala (1964) y automóviles futuristas.

Tierra de Samuráis*, valora la estabilidad y seguridad, una de sus fortalezas es la paciencia porque ha aprendido que lo bueno llega, pero se hace esperar.

En oposición a los anteriores tenemos a España con su personalidad Geminiana.

Géminis, es la mariposa del zodíaco y España es sociable, extrovertida y alegre. Península de climas diversos y lenguas variadas. Se nutre de la dualidad y el movimiento entre opuestos. El propósito de Géminis es encontrar “su gemelo” y España lleva siglos buscándolo. Al encontrarse en la puerta de Europa hacia el mundo, no sólo acoge gente de todos los lugares sino que cuando siente esa necesidad de movimiento y acción, alza las velas y explora nuevos territorios. Esa curiosidad característica de los geminianos hace a España ir de un lado a otro aprendiendo e incorporando, pero se aburre fácilmente y no le gusta asumir compromisos a largo plazo, entonces se retira.  

Para Géminis concentrarse en una sola cosa es un desafío, tiene apetito de cambio pero acaba quedándose en la superficie. Le cuesta entregarse a una tarea y llevarla a cabo de principio a fin; es asi que a los políticos españoles les resulta imposible entregarse a una propuesta y terminarla.  Tan cambiante puede pasar de ser un Reino, a una República y hasta una Dictadura.

            La tarea de Géminis es aceptar su sombra y sus aspectos oscuros, aprender de ellos y reconciliarse. La tarea de España es reconciliarse con su historia y enorgullecerse de la maravillosa diversidad de costumbres, personas, comidas, bailes,  de todo su territorio.

*El nombre “samurái” proviene del verbo saburau que significa “servir a alguien”. Los samuráis eran la clase alta, y gobernaban Japón. Expertos en las oscuras artes del espionaje y el asesinato silencioso, los samuráis transmitían sus habilidades de padres a hijos.

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Oda al Futuro

Futuro,

Instante que nunca llega

Con tantas ansias se espera.

Lapso atemporal indiscutiblemente subjetivo,

El Universo coexiste contigo.

Reloj de arena, cuaderno en blanco; terreno baldío;

Cuánto me enojo y te digo:

¡¿Por qué juegas conmigo?!

Futuro,

Depósito del mañana,

En ti no existen distancias.

Reúnes todas las dimensiones,

Y en el cielo como en la tierra,

Rendida, la humanidad  a tus pies se encuentra.

Futuro,

Eres un espacio binario:

Fiel aliado de la Esperanza,

O un simple falso profeta,

En cenizas del pasado basas tus promesas.

Harto de existir condicionado,

Luchas por ser librado.

Limbo de incertezas,

Es quimérico alcanzar tu meta,

Porque es una puerta secreta.

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EDITORIALES

Oda al Pasado

Pasado,

Pantanoso terreno pisado,

Andas colmado de historias,

De dioses y héroes,

De brujas y malhechores.

Pasado,

Banal conjunto de horas eternas,

Tus años se desarman

Cuando el Presente llama.

Pasado,

Hermano del Recuerdo,

Antagonista del Destino,

Pulcro adversario del Presente divino.

La Vida es tu testigo,

Dios es tu mendigo.

Pasado,

Resultado de antaño,

Tus secuelas anidan en el Presente inmediato.

Retrospectivo y lejano

Perduras mas que el olvido,

Disputas con el Futuro el límite del infinito.

Pasado,

Reflejo de la soledad, luz de las agonías,

Eres pura ironía!

Maestro cruel de lo acontecido,

No dudas al aplicar un castigo,

O bien un elogio merecido.

Coherente y cohesivo,

La clave habita en comprender

Que eres lo mejor que pudo haber sucedido.

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Oda al Presente

Presente,

Momento estático en la línea del tiempo.

Un segundo, un instante,

Tan escueto y discreto.

Simplemente un baremo subjetivo

A veces sin sentido.

Se escurre entre las manos

Cuando lo vivimos como hermanos,

Y se hace eterno,

Cuando lo vegetamos cuan Infierno.

Presente,

Huella del mañana

Si te pienso no me bastas,

Si te libero  te me escapas.

Regalo del Universo

Inmediato, efímero,  intenso…

Cada segundo de tu tiempo

Una nueva oportunidad, un instante, un momento.

Presente,

Muchas veces ignorado

Sólo pides ser escuchado.

Me pregunto ¿Por qué eres tan complicado?

Irremediable consecuencia del pasado,

Acertijo del próximo suceso,

En ti radica el secreto:

Abrazar cada sentimiento

Y sin expectativa,

Caminar a tu encuentro.